Por J.Frisas
A raíz de lo acontecido en Vic, donde hay una representación en el consistorio del partido plataforma por Cataluña. Se ha originado una idea acerca que, los partidos políticos como CIU, PSOE, etc, para poder contrarrestar el discurso populista de la anterior formación, no deben integrar en su discurso las ideas de este.
A raíz de lo acontecido en Vic, donde hay una representación en el consistorio del partido plataforma por Cataluña. Se ha originado una idea acerca que, los partidos políticos como CIU, PSOE, etc, para poder contrarrestar el discurso populista de la anterior formación, no deben integrar en su discurso las ideas de este.
Creo que todos podemos estar de acuerdo en ello, pues desde mi punto de vista dando respuesta a los problemas que el rápido auge del fenómeno de la inmigración origina en el seno de la población es suficiente para contrarrestar en gran medida el posible auge de tal formación u otras similares, sin necesidad de adoptar sus discursos.
Es obvio que estas formaciones emergen como consecuencia de los inconvenientes que la inmigración origina, de los cuales ya he comentado suficientemente en anteriores posts. Igual de obvio es la cantidad de aspectos positivos que esta aporta a nuestra sociedad. También suficientemente comentados y desarrollados en documentos y programas de prensa y televisión.Me he esforzado en plantear la importancia que tiene, dejar constancia pública de este hecho, porque en el tema que nos interesa, la convivencia, debemos fomentar colectivamente el convencimiento que aquellos inmigrantes que han trabajado con ese objetivo, son los que realmente han actuado correctamente, y con ello no caer en populismos idénticos, concluyendo que todos somos racistas, pues en el seno de estos colectivos, existen radicalismos que también les viene bien este discurso. Por lo que hemos de dejar claro que las críticas no son generales, separando claramente, el “grano de la paja”.
Para ver innumerables ejemplos de este hecho, podemos ver un programa dominical de TV2 titulado “Babel”. Espero que el mismo ejercicio, se haga desde el colectivo inmigrante.
Respecto a la Convivencia , se habla continuamente en política. “Alianza de Civilizaciones”, una utopía ambiciosa a gran escala al respecto de trabajar en pro de la convivencia pacífica entre el mundo musulmán y occidente. Lo cual deja evidencia política, que cuando hablamos de la dificultad en la convivencia, esta se manifiesta más difícil con los colectivos musulmanes que con otros colectivos de inmigrantes.
En lo referente a la convivencia, ejemplarizamos el “Al-Ándalus”, como un ejemplo. Evidentemente no voy a entrar en este apartado, pues no soy ningún historiador. Aunque si estoy convencido que la sociedad actual, nada tiene que ver con el momento histórico de aquel entonces.
Por ello, es verdad que podemos apelar a la nostalgia de una convivencia entre culturas, “idílica”, al igual que en la actualidad, cuando miramos hacia nuestra niñez, tendemos a idealizar algunos momentos, de los cuales en su momento no vivíamos tan idílicamente.
De esa época, ¿podemos ver con los ojos de nuestra actualidad, un modelo a seguir, en el modelo de los barrios Judios, (Judería)?. ¿No los podemos asemejar con un getto, peyorativamente hablando, según una visión actual?.
Pienso que la sociedad actual, tiene su visión y pensamiento actual, con sus cosas buenas y malas, pero son nuestras cosas.
Se habla del respeto a todas las culturas, Tolerancia, etc. Como si con ello ya estuviese todo resuelto.
El País Vasco, Cataluña, Galicia,(…), y el centralismo español, tiene dificultades para llegar a acuerdos en este respecto. La lengua es un rasgo cultural y en la aplicación de esta materia, hay discrepancias entre unos y otros. ¿Como puede ser entonces que demos por supuesto que la cultura marroquí, pueda convivir con la nuestra, sin que haya discrepancias?.
Si entre comunidades autónomas y el estado, no han sido capaces aún de encontrar ese equilibrio de respeto mutuo. ¿Como podemos entender que en nuestra sociedad, la cultura Vasca, Catalana, Gallega, o española en general, este en un plano de igualdad con la marroquí, sin más?.
Quiero llegar a concretar que a mi modo de ver, hay dos planos que deben estar perfectamente separados, como son el individual y el colectivo.
El plano individual, ha de ser perfectamente respetado siempre y cuando este no falte al igual respeto que su semejante se merece y a las leyes que imperan en nuestro estado.
El plano colectivo, es un espacio social claramente autóctono y por ello es obvio que el acomodo y respeto le corresponde tenerlo al recién llegado, pues en ese ámbito, existe una cultura propia y como tal es merecedora del mismo respeto que ellos exigen hacia la suya.
Pienso que sobre esta base es la que se debe trabajar. Y para ello únicamente hay una forma, y esta es el dialogo y conocimiento mutuo. La no correcta aplicación de estos parámetros, concluyen a mi modo de ver a padecer las dificultades actuales.
Ahora bien, a quien le corresponde la tarea de fomentar el dialogo y el conocimiento mutuo, generalmente llamada “Mediación”.
Quizás sería deseable y necesario que esta tutela, le correspondiese a las instituciones más próximas como son los ayuntamientos, pero en mi humilde opinión, nada conseguiremos si todos no nos empleamos a trabajar para conseguir ese dialogo, que nos ha de conducir a ese conocimiento y finalmente al respeto mutuo.
Ello no deja de parecer una utopía, pero con diferencia a la “Alianza de civilizaciones”, esta es más terrenal. Está en nuestras propias manos, si tenemos voluntad de hacerla realidad.
Para ello hay un matiz muy necesario. Y es que las instituciones públicas, puedan garantizar el respeto en primer lugar de nuestra propia cultura y modelo social. Así como la separación de los ámbitos individuales y colectivos, para poder plantear una correcta estrategia de convivencia.
No se trata en absoluto que el inmigrante se integre, acomode, adapte, (…), a nuestro modelo individual. Pero si es necesario pedir que tenga la voluntad de entender nuestra cultura y modelo social, sin que por ello haya de renegar y abandonar sus raíces de identidad, cultura, religión, etc.
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